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Productos km 0, una oportunidad para empresas comprometidas con la economía circular

El término productos km 0 se escucha cada vez más en mercados, restaurantes y planes de sostenibilidad empresarial. Aunque suele asociarse a la alimentación, en realidad engloba cualquier bien producido y consumido en un radio cercano, minimizando las distancias de transporte. El objetivo es claro: reducir el impacto ambiental, apoyar a la economía local y fomentar un consumo más responsable.

Qué significa realmente un producto km 0

Un producto de proximidad no se define solo por el lugar donde se cultiva o fabrica, sino también por la distancia recorrida hasta el consumidor final. Cuanto menor sea ese recorrido, menor será la huella de carbono asociada al transporte y mayor será el beneficio social y económico para la comunidad en la que se produce.

El interés por los productos km 0 ha crecido porque aportan ventajas visibles. En el plano ambiental, reducen emisiones de gases de efecto invernadero, generan menos residuos de envases y embalajes y favorecen prácticas de producción más sostenibles. En el plano social y económico, apoyan a pequeños productores, fortalecen la economía local y ofrecen al consumidor mayor transparencia sobre el origen de lo que compra.

Más allá de la alimentación

Aunque lo habitual es pensar en frutas, hortalizas, carnes o lácteos, la filosofía km 0 se extiende a sectores como la moda sostenible, la artesanía local o incluso la construcción con materiales de proximidad. Para las empresas, incorporar criterios de proximidad en la compra y el diseño de productos ya no es una cuestión de imagen, sino una estrategia alineada con los objetivos europeos de transición ecológica.

El enfoque ambiental: huella de carbono y economía circular

Para dar un salto más técnico, los productos km 0 no deben analizarse únicamente como una etiqueta comercial, sino como parte de una estrategia ambiental más amplia. Reducir kilómetros de transporte significa reducir la huella de carbono de los productos, un aspecto cada vez más exigido en licitaciones, cadenas de suministro internacionales y compromisos corporativos de descarbonización.

Además, la proximidad se conecta con los principios de la economía circular, donde el objetivo es mantener los recursos dentro del territorio, minimizar residuos y evitar transportes innecesarios. Esto no solo mejora el desempeño ambiental, sino que también optimiza costes y genera valor añadido para las empresas que lo aplican.

Normativa y políticas europeas

El impulso a los productos km 0 no es solo una tendencia de consumo, sino que está respaldado por un marco normativo cada vez más sólido. La Estrategia Europea “De la Granja a la Mesa”, integrada en el Pacto Verde Europeo, promueve sistemas alimentarios más sostenibles, con menor dependencia del transporte de larga distancia y un mayor apoyo a productores locales. Esta estrategia se acompaña de la obligación de reducir la huella de carbono en la cadena alimentaria y de fomentar la compra de productos de proximidad.

Por otro lado, el nuevo Reglamento (UE) 2025/40 de envases y residuos de envases también incide en este aspecto. Al exigir un mayor uso de materiales reciclados, el ecodiseño de envases y la reducción de su huella ambiental, se favorece indirectamente el consumo de proximidad, ya que los productos km 0 requieren menos transporte y menos embalajes asociados a largas cadenas logísticas.

En España, la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, establece objetivos de prevención y reutilización que se relacionan con los principios de proximidad. Asimismo, la normativa sobre huella de carbono de productos y organizaciones, gestionada por el MITECO, ofrece la posibilidad de registrar y certificar reducciones de emisiones derivadas de políticas de compras locales.

Un aspecto clave es la compra pública verde, que se ha convertido en una palanca para impulsar productos de proximidad. Tanto en la legislación europea como en la española, los pliegos de contratación pública pueden incluir criterios de sostenibilidad, entre ellos la reducción de emisiones por transporte o la procedencia local de los productos. Para las empresas proveedoras, demostrar que trabajan con criterios km 0 puede marcar la diferencia en el acceso a contratos públicos.

De este modo, la proximidad no se limita a un gesto ambiental o social, sino que se conecta con exigencias normativas concretas y con oportunidades reales para empresas que apuesten por integrar productos km 0 en su estrategia de sostenibilidad.

Oportunidades para las empresas

Para las compañías que producen, distribuyen o compran bienes, la incorporación de criterios km 0 abre nuevas vías de diferenciación. Puede ser una ventaja competitiva en licitaciones públicas, un argumento de marketing sostenible y, sobre todo, una vía real para reducir el impacto ambiental de sus operaciones.

Los beneficios son múltiples: desde la reducción de la huella de carbono hasta la posibilidad de obtener certificaciones ambientales, pasando por la mejora de la reputación corporativa y el acceso a clientes que valoran la sostenibilidad en sus decisiones de compra.

Cómo puede ayudar una consultora ambiental

El reto para muchas organizaciones no está en comprender qué significa un producto km 0, sino en cómo integrarlo en su estrategia de sostenibilidad. Aquí es donde interviene la labor de una consultora ambiental especializada: ayudar a medir y reducir la huella de carbono asociada al transporte y al ciclo de vida de los productos; asesorar en compras sostenibles que prioricen la proximidad; analizar el impacto ambiental y social de estas decisiones frente a alternativas convencionales; y acompañar en certificaciones y planes de sostenibilidad que reconozcan la reducción de emisiones y el apoyo a la economía local.

De esta manera, los productos km 0 dejan de ser un concepto general para convertirse en una palanca real de mejora ambiental y competitiva para las empresas que quieran diferenciarse y cumplir con las nuevas exigencias normativas y de mercado.