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Biodiversidad en la estrategia empresarial: qué exige el nuevo marco normativo y cómo empezar a actuar
El impacto de las empresas sobre la biodiversidad ha pasado de ser un asunto marginal a situarse en el centro de las políticas europeas y globales sobre sostenibilidad. La pérdida de hábitats, la sobreexplotación de recursos, la contaminación y la alteración de los ecosistemas son presiones directas asociadas a muchas actividades económicas. En este nuevo escenario, cada vez más regulado y vigilado, las empresas están llamadas no solo a evitar daños sobre la biodiversidad, sino a integrar su conservación y restauración como parte de su estrategia ambiental y su contribución al capital natural.

El nuevo enfoque hacia la biodiversidad en el entorno normativo europeo
En los últimos años, la Unión Europea ha dado pasos firmes para convertir la biodiversidad en un eje transversal de sus políticas económicas. Uno de los hitos clave ha sido la aprobación del Reglamento (UE) 2020/852 sobre la taxonomía de actividades sostenibles, que incluye la biodiversidad y la protección de los ecosistemas como uno de los seis objetivos ambientales fundamentales. Esto implica que cualquier empresa que quiera demostrar que realiza una actividad sostenible desde el punto de vista financiero debe acreditar que no genera un impacto significativo negativo en la biodiversidad, conforme al principio de “no causar un perjuicio significativo”.
Este principio ya se aplica en numerosos programas de financiación pública, tanto nacionales como europeos, y se está extendiendo como requisito en compras públicas, informes de sostenibilidad y criterios ESG. Además, el nuevo marco global Kunming-Montreal de biodiversidad, acordado en el Convenio de Diversidad Biológica (CBD) en diciembre de 2022, establece objetivos específicos para el sector privado, como la identificación, comunicación y reducción progresiva de los impactos en la biodiversidad a lo largo de toda la cadena de valor.
En paralelo, la Directiva CSRD sobre información en sostenibilidad, cuya transposición en España ya está en marcha, obligará a miles de empresas a informar sobre sus riesgos, dependencias y estrategias en relación con el capital natural. Las normas europeas de reporte de sostenibilidad (ESRS), publicadas por EFRAG, incluyen apartados específicos sobre biodiversidad y ecosistemas, tanto para las empresas que tienen impactos directos como para aquellas cuya cadena de suministro puede generar efectos significativos.
Capital natural y dependencias de la biodiversidad: conceptos clave para entender el impacto empresarial
El término capital natural se refiere al conjunto de recursos naturales, servicios ecosistémicos y procesos ecológicos de los que depende la actividad humana. En el ámbito empresarial, este concepto ha adquirido protagonismo como forma de identificar no solo los impactos negativos sobre la biodiversidad, sino también las dependencias que pueden convertirse en riesgos operativos, financieros o reputacionales. Actividades como la agricultura, la minería, la construcción, la logística o la industria alimentaria tienen una relación directa con la calidad del suelo, la disponibilidad de agua, la polinización o la regulación climática, que dependen del estado de los ecosistemas.
Además del enfoque de riesgos, se impone una visión orientada a la gestión activa. En este sentido, cada vez son más las empresas que están empezando a evaluar su huella de biodiversidad, incorporar criterios de restauración ecológica en sus proyectos, definir indicadores de presión y estado ambiental, y participar en iniciativas de conservación o custodia del territorio. Estas acciones ya no se perciben como responsabilidad social, sino como una condición para mantener la licencia social para operar y garantizar la resiliencia de las operaciones en el largo plazo.
Tendencias emergentes y marcos de referencia voluntarios
Más allá de la legislación vinculante, existen marcos y herramientas que están ganando protagonismo entre las empresas más avanzadas. Uno de los más relevantes es el Taskforce on Nature-related Financial Disclosures (TNFD), que propone un marco para que las organizaciones identifiquen y comuniquen sus riesgos financieros relacionados con la naturaleza. Inspirado en el modelo TCFD sobre cambio climático, el TNFD busca integrar la biodiversidad en las decisiones de inversión, asegurando que las empresas evalúan y reportan su exposición a la degradación de los ecosistemas.
Otras herramientas de referencia en este campo son el Protocolo de Capital Natural (Natural Capital Protocol), promovido por el Natural Capital Coalition, y los indicadores de biodiversidad empresarial desarrollados por organizaciones como la IUCN o el WCMC. Estas metodologías permiten avanzar hacia la cuantificación de impactos, el establecimiento de compromisos medibles y la toma de decisiones basada en datos ecológicos.
También se observa un crecimiento en los compromisos voluntarios de conservación y restauración de biodiversidad promovidos por asociaciones empresariales, fondos de inversión sostenibles y estándares sectoriales. Cada vez son más frecuentes las exigencias en contratos, auditorías de sostenibilidad y procesos de homologación de proveedores que incluyen referencias explícitas a biodiversidad, tanto en sectores extractivos como en la industria alimentaria, química, textil o logística.
Cómo puede actuar una empresa y por qué debe anticiparse
Ante este nuevo marco, resulta esencial que las empresas empiecen por identificar su relación directa o indirecta con la biodiversidad. No todas tienen un impacto relevante, pero muchas sí presentan riesgos, dependencias o responsabilidades que deben ser gestionadas de forma proactiva. El primer paso suele ser un análisis de materialidad que permita entender si la biodiversidad es un aspecto clave para la empresa. A partir de ahí, se pueden realizar evaluaciones de impacto, integrar criterios ambientales en procesos de decisión, establecer objetivos de mejora y diseñar medidas de prevención, compensación o restauración.
Además, contar con un enfoque estructurado sobre biodiversidad permitirá a las empresas cumplir con las nuevas obligaciones de reporte, acceder a financiación pública o privada con criterios verdes, mejorar su posicionamiento frente a clientes institucionales y anticiparse a futuros requisitos regulatorios, cada vez más exigentes y extendidos a medianas empresas.
El papel de Albera Medio Ambiente en la integración de la biodiversidad en tu estrategia empresarial
Desde Albera Medio Ambiente ayudamos a empresas de todos los sectores a comprender y gestionar su impacto sobre la biodiversidad y los ecosistemas. Ofrecemos asesoramiento técnico para identificar riesgos y dependencias, analizar el capital natural afectado por sus operaciones, diseñar estrategias de mejora y reportar sus compromisos conforme a los marcos normativos actuales. También trabajamos en el desarrollo de indicadores, integración de la biodiversidad en planes de sostenibilidad, participación en proyectos de restauración y cumplimiento de requisitos asociados a fondos públicos o clientes institucionales.
Integrar la biodiversidad en la estrategia empresarial no es solo una cuestión de cumplimiento. Es una oportunidad para posicionarse como una organización responsable, adaptada al nuevo marco regulatorio y comprometida con el entorno en el que opera. Si tu empresa quiere anticiparse a estas nuevas exigencias y avanzar en su desempeño ambiental, podemos ayudarte a hacerlo de forma rigurosa, práctica y alineada con tus objetivos de negocio.